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A medida que envejecemos, la última cosa valiosa que realmente nos pertenece es nuestra memoria. Si nos quitan nuestros recuerdos nos quitan también nuestro derecho a continuar siendo nosotros mismos. Pero pareciera ser que eso es precisamente lo primero de lo que se despoja a la gente al llegar a un asilo de ancianos: los hábitos, ropa, fotos, objetos y recuerdos de su vida anterior.

Todo lo que es parte de nuestra hogar parece faltar en un asilo de ancianos, por lo que el envejecimiento y el cierre de la vida se convierten en un proceso aún más difícil. ¿Quiénes somos nosotros cuando, por fines prácticos, se nos niega el acceso a nuestra manera de ser?

En un mundo en el que la población anciana está aumentando tan rápidamente que se estima que para el año 2050 dos mil millones de personas en el mundo se contarán dentro de esta categoría, hablar del rendimiento de los servicios públicos y atención no lucrativa para las personas de edad avanzada son temas urgentes.

¿Cómo podemos crear un sistema en el que las personas mayores pueden permanecer fieles a sí mismos aun cuando vivan en un asilo de ancianos público? ¿Cuáles son las pertenencias personales, espacios y actividades que las personas mayores echan de menos al entrar a un asilo? ¿Cómo podemos convertir un asilo de ancianos en un verdadero hogar para cada uno de sus habitantes? ¿Qué haría que un espacio común se sienta más privado, único, personal?

Estas son algunas de las preguntas que nos gustaría responder. Te invitamos a compartir tu experiencia como habitante de un asilo de ancianos, o como familiar o amigo de alguien que viva en uno. La tecnología puede ser el puente entre las personas mayores y tu, utilizando tu teléfono para grabarlo en video o para tomar una foto de ellos, que luego puedas subir, junto con su historia escrita, a nuestra web.

El envejecimiento es inevitable, así que encontrar la belleza en ella es una prioridad. Encontrémosla juntos.